Hay días en los que una simplemente no debería pisar una peluquería. Todo sería más sencillo si viviésemos en Alaska, en invierno, donde es de noche todo el rato y da la impresión que no hay que levantarse de la cama. Hoy es uno de esos días de no levantarse. De no tocar nada, y menos tu pelo.
El día parecía ir bien hasta que he intentado combatir el calor bajando a la piscina. Mi hermano nos ofrecía, a nosotros y a todo el vecindario, su concierto diario de guns n’ roses o algo por el estilo, y yo salía por la puerta para encontrarme con la vecina.
- hola, Pilar, qué tal? Vamos de concierto con mi hermano no? [Ironía mode on.]
No le ha dado tiempo a responder a la pobre. Mi iphone nuevo (traído por encargo el pasado martes, es decir, antesdeayer), blanco impoluto, sin un rasguño, tan funcional y a la vez tan fabuloso, se escapaba de mis manos. En una centésima de segundo que ha parecido una eternidad, he intentado frenarlo con el pie. Craso error. En otros 3 segundos que han parecido una vida entera, se colaba por la rendija de la barandilla y caía a la planta baja. Tres metros de caída libre.
Por supuesto, ha aterrizado boca abajo.
En mi desesperación, he gritado, he dejado a Pilar con la palabra en la boca y he bajado las escaleras de cinco en cinco para encontrarme con él. Había sobrevivido al golpe. Pero no se encendía. He subido los escalones de cinco en cinco, diciendo adiós a Pilar ni siquiera sin mirarla y he entrado a mi casa pegando gritos.
Buscando el cargador en mi escritorio, estas manos que hoy no deberían haber salido a la calle, han empujado la taza de té que se enfriaba encima de mi mesa, vertiendo el líquido sobre la mesa donde, por cierto, se encontraba mi MacBook de dos meses de vida. Bravo.
El Mac, el Iphone y mi corazón han sobrevivido. Pero no mi pelo. A las 16:30 tenía hora para cortarme esas puntas rebeldes de fin de verano. Error. He dejado que además me cortasen el flequillo. Demasiado corto, debo añadir.
Y como Murphy es un cabrón, mañana tengo una cita. Y yo con estos pelos!
Welcome to Saint Torpez, Welcome.
C.
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